| Resuelven misterio
de la
gigantesca Cueva de los Cristales
por: Stefan Lovgren
Fuente: National Geographic
Es ‘‘la Capilla Sixtina de los cristales’’, afirma Juan Manuel García Ruiz. La primera semana del mes, el geólogo y su equipo de investigadores informaron haber desentrañado el misterio de las monumentales formas que adquirieron los minerales de la Cueva de los Cristales, en México.
Oculta a 300 metros bajo la montaña de Naica, en el Desierto de Chihuahua, la caverna fue descubierta en el año 2000 por dos mineros que excavaban un nuevo túnel para Industrias Peñoles. La cueva contiene algunos de los cristales naturales más grandes que se hayan encontrado: translúcidas vigas de yeso puro de hasta 11 metros de largo y con un peso de 55 toneladas. ‘‘Es una maravilla natural’’, afirmó García Ruiz, de la Universidad de Granada, en España.
A fin de entender cómo los cristales alcanzaron semejantes dimensiones, García Ruiz estudió pequeñas cantidades de un fluido atrapado en su interior. Explicó que los cristales crecieron debido a que estaban sumergidos en aguas ricas en minerales y cuya temperatura se mantenía dentro de un rango promedio de 58 °C. A esa temperatura, la anhidrita (sulfato de calcio anhidro), abundante en el agua, se disolvía y formaba yeso, un mineral blando que puede adquirir la forma de los cristales en la cueva de Naica. Los hallazgos han sido publicados en la edición de abril de la revista Geology.
Actividad volcánica
El complejo minero de Naica contiene algunos de los depósitos de plata, cinc y plomo más grandes del mundo. En 1910, los mineros descubrieron otra espectacular caverna también debajo de Naica. La Cueva de las Espadas, llamada así por sus paredes incrustadas con ‘‘dagas’’ de cristal, se encuentra más próxima a la superficie, a una profundidad de casi 120 metros. Aunque hay más cristales en la gruta superior, estos son mucho más pequeños, con un promedio de apenas un metro de longitud.
Casi el tamaño de una cancha de baloncesto
La Cueva de los Cristales es una cavidad con forma de herradura abierta en la roca caliza, con cerca de 10 metros de ancho y 30 metros de largo. El suelo está cubierto de bloques cristalinos perfectamente facetados, y las enormes vigas de cristal se proyectan tanto del suelo como de los bloques. ‘‘No existe otro lugar en el planeta donde el mundo mineral se revele con semejante belleza’’, declaró García Ruiz.
La actividad volcánica, iniciada hace unos 26 millones de años, dio origen a la montaña de Naica y la llenó con anhidrita de alta temperatura, que es la forma anhidra (sin agua) del yeso. La anhidrita se mantiene estable a una temperatura superior a los 58 °C; por debajo de esa temperatura, la forma estable es el yeso. Cuando el magma se enfrió debajo de la montaña y la temperatura descendió a menos de los 58 °C, la anhidrita comenzó a disolverse y enriqueció lentamente el agua con moléculas de sulfato y calcio, las cuales se han depositado en las cavernas, a lo largo de millones de años, en forma de enormes cristales de yeso selenita. ‘‘Nada limita el tamaño que puede alcanzar un cristal’’, aseguró García Ruiz.
Sin embargo, agregó, fue necesario que la temperatura de transición de la anhidrita al yeso permaneciera constante durante cientos de miles de años para que se formaran los macrocristales de la Cueva de los Cristales. En contraste, en la caverna superior la transición de temperaturas pudo haber ocurrido con mucha mayor celeridad, ocasionando la formación de cristales más pequeños.
Volver o no volver a inundar
Aunque es muy remota la probabilidad de que estas condiciones se repitan en otras partes del planeta, García Ruiz cree que hay otras cuevas y cavernas en Naica que contienen cristales de tamaño similar. ‘‘Las cuevas que contengan cristales más grandes se encontrarán en niveles más profundos con temperaturas próximas, pero no superiores, a los 58 °C’’, explicó. Por lo pronto, ha recomendado a la compañía minera que preserve las cavernas.
Ahora bien, lo único que permite el acceso a las cuevas son las operaciones de bombeo de la compañía minera para mantenerlas libres de agua. García Ruiz afirma que si se interrumpe el bombeo, las cavernas quedarán sumergidas otra vez y los cristales volverán a crecer. ¿Qué ocurrirá si se cierra la mina? ‘‘Es una pregunta interesante –señala García Ruiz–. ¿Debemos seguir bombeando agua para preservar la cueva y permitir que futuras generaciones admiren los cristales? ¿O debemos interrumpir el bombeo y regresar a las condiciones originales, para que los cristales puedan seguir creciendo?’’
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